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El aula de clases: ecosistema del pensamiento crítico en tiempos de las IAs

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04.08.2026

El aula de clases: ecosistema del pensamiento crítico en tiempos de las IAs

"El peligro del mañana no es que las máquinas piensen como los hombres, 

sino que los hombres piensen como las máquinas." 

"La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo. 

Y eso no lo hace un algoritmo; lo hace la palabra."

 Inspirado en Paulo Freire

"En un mundo repleto de respuestas automáticas, 

el verdadero acto de rebeldía es detenerse a formular una pregunta." 

Cada época ha tenido su gran desafío educativo.  Hubo un tiempo en que la escuela luchó contra el analfabetismo, problema que aún persiste en un gran número de sitios de la nación; después, contra la deserción escolar y la desigualdad en el acceso al conocimiento, problemas endémicos de los países en vías de desarrollo.  Hoy, la educación, más allá de la cobertura, la calidad y el acceso, enfrenta un reto mucho más complejo y silencioso: enseñar a pensar en una sociedad donde las respuestas parecen llegar antes que las preguntas.  

Mi texto surge desde una realidad palmaria que puede suceder en cualquier escuela de un país subdesarrollado como el nuestro, por mucho que se afirme con datos estadísticos que la calidad de vida y los índices económicos crecen positivamente. Estoy en la escuela; es una sofocante tarde de mayo, cuando el sol cartagenero parecía haberse instalado en los espacios —salones, corredores, pasillos y cancha múltiple— de la Institución Educativa Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en el barrio El Líbano. Mientras espero el cambio de clases —como ráfagas de viento cálido— llegan las ideas que me hacen comprender que el mayor desafío de nuestras escuelas ya no es enseñar a responder preguntas, sino enseñar a desconfiar respetuosamente de las respuestas. Esas ideas giraban desde hacía mucho tiempo en mi cabeza, pero no les había prestado atención, puesto que la cotidianidad a veces nos idiotiza. Yo veía, a través de los calados de cada salón,  cómo los ventiladores giraban con cansinos movimientos, aliviando un poco la temperatura con sus aspas oxidadas, aunque parecían mover más el ruido que viento; el calor se imponía con la autoridad de siempre y los maestros con el cansancio propio de la jornada amenazaban con convertir las clases en ejercicios rutinarios, repetitivos e ilógicos. Entonces decidí dejar a un lado para mi clase de lengua castellana el tema programado y presentar la noticia que durante varios días había circulado insistentemente por las redes sociales.  No les pregunté a mis estudiantes de décimo grado si aquella información era verdadera o falsa; les hice una pregunta mucho más sencilla y más difícil según mi criterio e intencionalidad pedagógica: ¿por qué decidieron creer en ella?  Tras un silencio prolongado, las justificaciones brotaron con naturalidad: "Lo vi en TikTok, profe", "lo compartió un influencer", "me apareció muchas veces en Facebook" o "todo el mundo estaba hablando de eso".  Ninguno mencionó al autor de la........

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