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América Latina, el protectorado de la élite energética y tecnológica de EE.UU.

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06.10.2026

El podio de mármol de la Asamblea General de las Naciones Unidas ha escuchado durante décadas llamados a la paz, a la cooperación y al fin de las desigualdades. El 22 de septiembre de 2026 escuchó otra cosa. Donald Trump subió a esa tribuna y habló como quien dicta condiciones. Amenazó con “aniquilar” a Irán. Celebró haber detenido a “un criminal, un dictador” llamado Nicolás Maduro. Reivindicó el derecho a usar la fuerza militar en cualquier punto del hemisferio occidental si considera que hay una amenaza. Y, refiriéndose al petróleo venezolano, soltó la frase más antigua del poder: “Al vencedor le pertenecen los despojos”.

Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, estaba presente y escuchaba. Al día siguiente subió al mismo podio. Agradeció explícitamente a Trump y a su Gobierno por “su disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación”. Calificó de histórica la reunión bilateral. Valoró el acuerdo energético como uno de los más grandes jamás firmados. Habló de “renacimiento”. Prometió elecciones sin fijar fecha. No mencionó a Maduro. El tono no fue de denuncia. Fue de alineamiento y gratitud.

Esa secuencia —el vencedor reivindicando el botín y la autoridad local agradeciendo en el máximo foro mundial— es la imagen más nítida de un protectorado de facto. No hay tropas de ocupación permanente ni anexión jurídica. Hay tutela. Estados Unidos controla los recursos estratégicos, gran parte de los ingresos y las condiciones de la transición. El Gobierno interino mantiene la fachada de soberanía y colabora abiertamente.

El precedente es grave. Un Estado poderoso puede entrar en territorio ajeno, secuestrar a un jefe de Estado y juzgarlo en sus tribunales bajo la etiqueta de “aplicación........

© El País