Las conversaciones que no tuvimos
Mi papá tenía diez años cuando declaró su amor por el fútbol. Recorría en bicicleta las calles de su pueblo, vestido con camisa de botones, pantalones cortos y botines bien embetunados, y recogía cada tanto la revista El Gráfico que un comerciante le guardaba sagradamente. La revista llegaba en barco desde Argentina, a veces se juntaban varias ediciones, y traía siempre las noticias atrasadas. Pero a Pedro, mi papá, no le importaba la actualidad. Le interesaba la epopeya del fútbol, los partidos con veinte goles que se jugaban en canchas polvorientas, las fotografías de los futbolistas. En 1935, Boca Juniors fue campeón del fútbol argentino. Y El Gráfico trajo un afiche a doble página del equipo ganador. Once señores con cara de oficinistas, mirando a la cámara, con un balón de cuero cosido a mano. Con esa imagen mi papá se enamoró del fútbol. Supo lo que significa hacerse hincha: un pacto para toda la vida.
Se convirtió entonces en un señor futbolero. Vivió noventa y cuatro años, veintiún mundiales.........
