LA VÍCTIMA INVISIBLE DEL INCENDIO FORESTAL EN CANARIAS
LA VÍCTIMA INVISIBLE DEL INCENDIO FORESTAL EN CANARIAS
MÁS ALLA DE LAS LLAMAS.
Los incendios forestales, (en adelante, IIFF) , que conforme a la ley de Montes 43/2003, se definen como: "el fuego que se extiende sin control sobre combustible forestal situado en el monte", constituyen una problemática que especialmente durante la época estival, afectan a nuestros montes y cada vez con mayor frecuencia, a las zonas urbanas próximas a ellos. Esas zonas, que situadas en lo que técnicamente conocemos como interfaz urbano-forestal, entendiendo como interfaz urbano-forestal como el área donde la urbanización se encuentra con zonas forestales o de vegetación natural.
Estos interfases urbano-forestales, han adquirió especial relevancia después de la pandemia de la COVID-19, cuando se produjo, tanto en España como en Canarias, un desplazamiento de población desde las grandes concentraciones urbanas hacia entornos rurales, destacándose que una cantidad no menor de personas residentes en las islas, cambiaron de vivienda por razones vinculadas directamente con la pandemia hacia viviendas con amplios espacios tanto cerrados como abiertos, motivado en parte por el incremento del teletrabajo y por sus características de entorno rural y naturaleza, que los hacían percibir como entornos más seguros desde un punto de vista sanitario, frente a las densidades poblacionales de las zonas urbanas (Josefina Domínguez-Mujica et al 2024). Esta expansión demografía o abandono de los entornos urbanos hacia las zonas rurales, sumada al abandono de las prácticas agrícolas y ganaderas, debido a la baja rentabilidad de las explotaciones, fuerte competitividad de productos que provienen del exterior de las islas y el cambio de la actividad económica relacionada con el sector servicios, hacen que esos incendios que antiguamente se propagaban fundamentalmente a través de masas forestales, encuentran a día de hoy, una continuidad hacia áreas habitadas.
Extremo este, que se constata en el estudio de mapas de cultivo del Gobierno de Canarias (2020-2024), donde se estima que la superficie agraria útil perdida en Canarias, ya han superan las 76.000 hectáreas (RTVC.04/10/2025), sumado al abandono de labores forestales tradicionales, son circunstancia más que favorecedoras, para la acumulación de vegetación próxima a viviendas e infraestructuras, generando corredores forestales-urbanos que favorecen la propagación del fuego.
Cuando el fuego alcanza o está próximo a un interfaz urbano-forestal, debido a la densidad de población, se genera una enorme alarma social, fundamentalmente por la capacidad del fuego de afectar directamente a las personas y a sus propiedades, aumentando este riesgo, por el progresivo expansionismo de la población urbana hacia el medio rural y con la aparición de nuevas construcciones descontroladas de zonas residenciales próximas a terrenos forestales, es un "caldo de cultivo", propicio para generar esta situaciones. Todo ello sumado al escaso interés que presentan las administraciones publicas implicadas en el control de la ordenación del territorio, de evitar y eliminar posteriormente la colonización de suelo rústico para usos urbanos y su posterior consolidación, a pesar de que este usos, por lo general, se encuentran prohibidos en ese tipo de suelo (Ley 4/2017 del Suelo de Canarias), extremo este que da para otro artículo, no obstante, como contrapartida las administraciones públicas, realizan una gran inversión económica en medios humanos y materiales, para prevenir y extinguir estos incendios, principalmente los fuegos que afectan a la interfaz urbano-forestal y en protegerlos, constituyen fenómenos de enorme complejidad, dado que muchas viviendas están al margen de la legalidad urbanística.
MÁS ALLA DE LAS LLAMAS. CONSECUENCIAS DE UN IIFF
Cuando un incendio forestal se produce y se propaga, ayudado por la fuerza del viento, por la escasa humedad debido a las altas temperaturas que se dan en la época estival, la disponibilidad de combustible y la difícil orografía del territorio canario, son una combinación perfecta para que un IIFF, pueda progresar, provocando interrupciones de servicios esenciales, pero las consecuencias del incendio, no son debidas exclusivamente al avance de las llamas, sino también al humo que genera, que pueden provocar evacuaciones preventivas o confinamientos, así como el corte del tráfico en vías esenciales de evacuación.
Otra de las consecuencias claras del incendio forestal es la destrucción de flora y fauna silvestre, que provoca la perdida de unos ecosistemas únicos como son los canarios, ya que muchas veces la percepción del ciudadano en general es que se han quemado muchos pinos, pero que el pino canario es como un "ave fénix", que resurge de sus cenizas, sin ser consciente de toda la vida que existen en esa masa forestal, ecosistemas locales que son únicos, y que el IIFF ha destruido, provocando incluso la desaparición de biodiversidad, aves, reptiles, invertebrados y flora que solo existen en Canarias. Que difícilmente se recupera solo con programas de reforestación, y que pueden tardar años e incluso décadas en recuperarse, es por ello, que debemos concienciarnos en el tesoro de biodiversidad canaria que tenemos que proteger, pues un gran incendio forestal, puede convertirse en un desastre ecológico.
Todo ello añadido a la afección de las zonas de interfaz urbano, donde pueden existir explotaciones ganaderas, de tipo caprino, bovino y equino e incluso los animales domésticos, pudiendo generarse incluso situaciones aún mas graves, como el atrapamiento de seres humanos por un fallo en el dispositivo o por no seguir las indicaciones de las autoridades. de seres humanos atrapados por el fuego. (IIFF, Los Gallardos 2026). Es por ello, que personas, animales y medio ambiente se convierten así en muchas ocasiones como víctimas invisibles de un fenómeno cada vez más recurrente y potencialmente devastador. Una invisibilidad que, paradójicamente, comienza muchas veces cuando se apagan las llamas. Es por tanto, que la prevención continúa de este tipo de catástrofes, se encuentra muchas veces con importantes dificultades. Entre ellas destacan la falta de mantenimiento de las zonas de seguridad y limpieza y creación de nuevos cortafuegos, limpieza y desbroce de determinadas zonas forestales y agrícolas, el urbanismo descontrolado, el abandono de los aprovechamientos tradicionales del territorio, hacen necesario la creación de zonas de seguridad que eviten la progresión del fuego hacia las zonas urbanas próximas.
Por ello, los incendios forestales no pueden considerarse exclusivamente un problema ecológico, se han convertido también en un problema, en un desafío de protección civil, seguridad ciudadana y orden........
