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El olor de la guayaba

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01.08.2026

Con la muerte, esta semana, del periodista y escritor Plinio Apuleyo Mendoza, a los 94 años, volví a uno de esos libros a los que periodistas regresamos cuando necesitamos recordar por qué hacemos este oficio: El olor de la guayaba.

Más que una entrevista, es una larga conversación en la que Plinio desmenuza, entre otras cosas, los secretos del oficio de Gabriel García Márquez. Es una obra a la que vale la pena volver de vez en cuando en busca de luz.

Allí, Gabo le cuenta a Plinio, por ejemplo, que se escribe mejor cuando se dispone, “en todo sentido”, de condiciones confortables. “No creo en el mito romántico de que el escritor debe pasar hambre, debe estar jodido, para producir. Se escribe mejor habiendo comido bien y con una máquina eléctrica”. Un escritor, un periodista que deba el recibo de la luz difícilmente podrá concentrarse.

En la charla entre estos dos amigos íntimos —que a veces se peleaban y se distanciaban— Gabo confiesa que, después de la claustrofobia, uno de sus grandes temores........

© El País