Ahora le toca al Valle
Colombia acaba de vivir una de las elecciones más participativas de su historia reciente. Más de 26,7 millones de ciudadanos votaron —cerca de dos millones más que en 2022— con una participación del 63,59 %, récord histórico en una segunda vuelta presidencial. La diferencia fue de apenas 250.830 votos. Una victoria estrecha, pero clara.
Lo que no fue claro fue el comportamiento de quienes perdieron. Por primera vez en la historia reciente del país, ni el presidente en ejercicio ni el candidato derrotado reconocieron plenamente el resultado. Dijeron que lo harían cuando salieran los escrutinios. A la fecha de escribir esta columna, ninguno de los dos lo había hecho, a pesar de que cerca de 9000 jueces y notarios confirmaron una coincidencia del 99,997 % entre el preconteo y el resultado definitivo. Las democracias no solo se sostienen sobre instituciones. También requieren comportamientos democráticos. Reconocer cuando se pierde es la prueba más exigente de ese compromiso.
La campaña también dejó preguntas sin respuesta. La Misión de Observación Electoral alertó sobre la presencia de grupos armados en varias regiones. Surgieron denuncias sobre comportamientos electorales atípicos en municipios del Pacífico y el sur del país. Y durante........
