Democracia, práctica diaria de racionalidad
En Colombia observamos una polarización que se organiza como identidad cerrada. Bajo esta lógica, tanto los seguidores de Uribe como los de Petro —cada cual desde su propio relato— suelen caer en la tentación del equipo; una adhesión emocional que deja de verificar hechos y justifica los excesos propios mientras interpreta la crítica como traición. No me interesa equiparar proyectos ideológicos; me interesa advertir un fenómeno transversal: la lógica de hinchada aplicada a la política, es decir, fanatismo.
Esta dinámica es corrosiva para el constitucionalismo porque transforma los conceptos. Para el fanático, el control institucional es un obstáculo, el debido proceso es un formalismo y los derechos son privilegios cuando los reclama el bando contrario. El problema de fondo es que el fanatismo desplaza el principio de limitación del poder: ya no se........
