Política exterior, un tema ausente
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
Las campañas presidenciales colombianas tienen una notoria timidez temática y programática cuando se trata de cuestiones exteriores. La política exterior no moviliza votos, no enciende pasiones ni articula emociones colectivas; se la relega a un lugar marginal dentro del repertorio discursivo de las campañas y de los propios aspirantes. Es comprensible, pero no por ello justificable, que así ocurra.
Las urgencias domésticas explican, en parte, que los asuntos globales ocupen el último peldaño en la jerarquía de prioridades. Sin embargo, esa marginalidad persistente solo augura la inercia de más de lo mismo. Esto es: una agenda reducida, una política tímida, un desenvolvimiento mediocre y, en última instancia, una inconclusión del interés nacional. Colombia, en efecto, ha operado al margen de las grandes preocupaciones mundiales, no por razones estratégicas de aislamiento como mecanismo defensivo, sino por una problema de desconocimientos, desconexiones, parroquialismo y por una altísima demanda de preocupaciones domésticas que nublan la vista exterior.
Quien aspire a ocupar la presidencia debe comprender que no solo administrará los problemas internos, representará al Estado en la conducción de la nación en un mundo permacrítico, polipolar y estructuralmente incierto. Un entorno donde los consensos se han vuelto una anomalía de la diplomacia contemporánea y donde el ascenso de los autoritarismos empieza a perfilarse como una nueva normalidad. En ese contexto, el próximo gobierno requerirá una cancillería altamente sofisticada y, sobre todo, una comprensión nítida de que la política exterior es un vector estratégico para algo tan elemental como frecuentemente ignorado: encontrarle un lugar........
