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Ninguna dignidad para quien hace trampa

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10.07.2026

Ninguna sociedad se derrumba de un día para otro. Su deterioro se da cuando renuncia a avergonzarse de los tramposos y pillos. Cuando hacer trampa deja de ser motivo de rechazo y empieza a verse como una justificación de astucia, habilidad o inteligencia, es ahí donde la confianza se desvanece, el mérito pierde valor y la ética deja de ser el fundamento de la convivencia. Lo peligroso no es que existan personas dispuestas a manipular las reglas para obtener ventajas; siempre las habrá. El riesgo aparece cuando el conjunto de la sociedad y sus instituciones terminan aceptando esas conductas como parte natural del juego. Esa preocupante realidad encuentra hoy en Colombia una expresión que obliga a una profunda reflexión.

La degradación ética comienza en hechos que los ciudadanos consideran insignificantes. La exclusión........

© Vanguardia