Perfil de Kike Mujica: ¿Qué pasa Bassa?
“Los triunfos y las derrotas nunca son definitivos en política. Por eso es tan importante que incorporemos de una manera menos dicotómica esta idea de que hay flujos y reflujos. Es como la cita al poema de Gabriela Mistral: la fuerza de las olas para volver a emerger una vez que esa ola ha retrocedido”.
Mejor no hablar de ciertas cosas. El estallido y la Convención Constituyente -el Apruebo- son inolvidables para cierta izquierda. Inolvidables por poco gratos. Desmesurados, en versión autocomplaciente. Enajenados, en autoflagelante.
Para Jaime Bassa es mejor hablar de esas cosas.
Esta semana tocó la tecla del recuerdo poco grato.
Plaza Italia. Baquedano. O Dignidad. La geografía –“la madre de la historia”, dijo Octavio Paz- se convirtió en una disputa urbana-ideológica.
Bassa dijo esta semana: “Pongan el monumento que quieran, esa plaza es, y seguirá siendo, Plaza Dignidad”.
Gael Yeomans, presidenta del FA, el partido de Bassa, optó por no hacerse cargo de los dichos del diputado: “Si quieren hacerle una pregunta sobre sus propios dichos, él lo puede responder”, manifestó distante.
Frenteamplistas me dicen que la opinión de Bassa probablemente es mayoritaria dentro del partido. “El punto es que hoy es un debate extemporáneo. Las personas no están preocupadas de la plaza: están preocupadas por la mala gestión económica de Kast”, me dicen.
“Bassa es de lo que están en la primera línea de los nostálgicos del estallido, al cateo si se da otra revuelta. No quiere que le digan “no lo vimos venir”, me dice un dirigente del PS.
Otros hablan de un posicionamiento político dentro de un partido que pretende llegar por segunda vez a La Moneda.
Esta semana entreviste a Bassa.
–“Pongan el monumento que quieran, esa plaza es y seguirá siendo Plaza Dignidad”. ¿Por qué la frase, diputado?
–La frase es bastante sencilla. No sé por qué molesta tanto el uso de la palabra dignidad en clave política. Todos sabemos, supongo, que lo realmente relevante en esta polémica que se abrió no es Baquedano, no es el monumento; es lo que la plaza representa, es lo que ahí ocurrió hace siete años.
Ese malestar social, esa forma en la que la ciudadanía muy masivamente se movilizó, sigue latente. Hay demandas sociales que siguen esperando, que siguen pendientes. He escuchado a varios decir que hay que superar la añoranza del octubrismo. Pero pensemos desde el presente. Pensemos que el desempleo bordea el 10% o lo supera en varias regiones del país, como la mía, en Valparaíso.
Entonces, si el monumento es tan importante -más importante que las condiciones de vida de la población- yo les preguntaría a quienes han reaccionado tan virulentamente por qué les molesta tanto que sectores de la sociedad hablen de la necesidad de una vida digna.
-Voy a obviar las críticas de la derecha, que son más o menos predecibles, pero cito acá a César Valenzuela, socialista. Fue colega suyo en la Convención, también en la Cámara. Dijo: “Me da exactamente lo mismo si le dicen Plaza Baquedano, Plaza Dignidad, la Telepizza que le decían en algún momento cuando existía, me importa poco… hoy es más dura la pobreza para estar discutiendo por cómo se llama la plaza”.
-Lo que dice César me da el punto. Lo relevante en este momento no es ni el nombre de la plaza ni el lugar del monumento a Baquedano. No es tampoco la trascendencia o la relevancia histórica de Baquedano. Lo relevante es hablar de las condiciones materiales de existencia de la población. Esta plaza siempre representará, para un sector muy importante de la población, un momento histórico que nadie podrá borrar, a pesar del esfuerzo que han hecho los sectores reaccionarios del país. El malestar seguirá estando ahí.
Lo que realmente molesta es que se subieran a ese monumento, ciudadanos y ciudadanas que estaban protestando en contra del orden social vigente, el que consideran injusto, desigual, abusador. Eso es lo que realmente está en juego. Ese orden social sigue vigente. Las cosas no han cambiado. Tratamos de cambiarlas y no nos fue bien, es cierto. Cuando hay un alcalde -Jaime Bellolio- que se gasta 150 millones de pesos en un desfile militar en contexto de crisis, es porque efectivamente esa crisis social de octubre sigue vigente.
-No estaríamos hablando de esto si no fuera porque un grupo de manifestantes, no todos, algunos, pero no pocos, arrasaron con Plaza Italia.........
