La escuela antifascista bajo una tienda de campaña
El pasado sábado se produjeron dos concentraciones en Sevilla. Una convocada por la formación fascista Núcleo Nacional, con apenas 300 participantes, según datos de la Policía Nacional; y otra antifascista, con cerca de un millar de personas. Los actos se saldaron con intervenciones policiales desproporcionadas, tal y como se aprecia en diversos vídeos que circularon en redes sociales y medios de comunicación. Más allá de este uso excesivo de la fuerza que, lamentablemente, se está convirtiendo en norma cuando se trata de manifestantes de izquierda, lo sucedido en Sevilla nos deja una lección muy clara: el movimiento antifascista cada vez es más amplio y con mayor capacidad de coordinación, incluso, espontánea.
El odio es un acelerante en cualquier crisis y esa es la baza que históricamente ha utilizado el fascismo para propagarse. En esa expansión, ha mutado y ha caído en profundas contradicciones porque, en función del contexto específico, amolda la realidad y su narrativa para sembrar la inquina. No obstante, en su recetario supremacista mantiene ingredientes esenciales como el racismo, el machismo, la homofobia…
El antifascismo, en cambio, es mucho más inmutable, porque su razón de ser es oponerse al fascismo. De hecho, cualquier demócrata que se precie debería declararse antifascista, de igual modo que feminista. El antifascismo se plasma en una actitud de........
