La crisis que puede cambiar el PP de Lanzarote
El relevo de Ástrid Pérez ha dejado de ser una cuestión orgánica para convertirse en una disputa sobre el futuro del partido y el poder que cada sector tendrá ante 2027.
«Un acuerdo sobre una persona no significa necesariamente un acuerdo sobre el poder.»
«Un acuerdo sobre una persona no significa necesariamente un acuerdo sobre el poder.»
Hay momentos en la política en los que una decisión aparentemente menor termina revelando que el problema es mucho mayor. Lo ocurrido en el Partido Popular de Lanzarote con la cancelación de la Junta Directiva Insular prevista para el 21 de septiembre es uno de esos momentos. Sobre el papel, se trata de una reunión que debía servir para poner en marcha el Congreso insular. En la práctica, su suspensión vuelve a poner de manifiesto que el relevo de Ástrid Pérez no está siendo una transición sencilla y que detrás de la renovación de la dirección del partido hay mucho más en juego que un cambio de nombres.
El PP de Lanzarote lleva demasiado tiempo conviviendo con sus propias tensiones como para interpretar lo ocurrido esta semana como un episodio aislado. La salida de Jacobo Medina de la Secretaría General, su pérdida de la vicepresidencia del Cabildo, la llegada de María Jesús
Tovar a la dirección orgánica, las aspiraciones políticas de distintos dirigentes, la situación del pacto con Coalición Canaria y, finalmente, la aparición de José Valle como candidato de consenso forman parte de una misma historia: la búsqueda del poder interno que marcará el Partido Popular de Lanzarote durante los próximos años.
Y todo ello sucede cuando 2027 empieza a asomar en el horizonte.
Durante casi dos décadas, Ástrid Pérez ha sido la referencia indiscutible del PP lanzaroteño. Su liderazgo ha atravesado diferentes etapas, gobiernos, pactos, derrotas y victorias. Pero ningún liderazgo político es eterno. El propio partido comenzó hace tiempo a afrontar la necesidad de una renovación y el Congreso insular, pendiente desde 2021, debía convertirse finalmente en el escenario para cerrar esa etapa.
Parecía que la solución había aparecido con José Valle.
El presidente de la Cámara de Comercio de Lanzarote y La Graciosa aceptó convertirse en candidato de consenso para suceder a Pérez. Su perfil tenía una ventaja evidente: no estaba directamente asociado a las batallas internas que habían marcado la política popular........
