Cierre los ojos y verá los fosfenos
Llegó septiembre con su nostalgia infantil por la vuelta al cole y la desazón de un agosto al que guardo luto por no haber hecho todos los planes previstos. He sido víctima de un súbito ataque de pereza que ha paralizado mi voluntad, ni siquiera la actualidad local y provincial ha sido capaz de vencer el sopor de la siesta eterna huyendo de los 40 grados. Sucumbí a la galbana y se me pasó hasta descargar la lista de música sugerida por Pedro Sánchez antes de su periodo de despreocupaciones en La Mareta. Espero que esta insurrección no me traiga consecuencias. Es de los pocos actos de rebeldía que aún no han sido tildados de fascismo por este Gobierno.
Y aquí estamos otra vez masticando el engrudo en el que se han vuelto algunas noticias en el Ourense extracorpóreo. Con pertinaz contumacia persisten los personajes del atrezzo como fosfenos en nuestra retina, esa sensación de que algo brilla o se mueve a pesar de tener los ojos cerrados. El filósofo Antonio Escohotado decía hace unos años que Sánchez era un fosfeno. ¿Cómo lo calificaría hoy? A saber el criterio que le merecerían algunos de nuestros ourensanos asuntos. Nuestros fosfenos, en definitiva.
Los estorninos se ciscan en el centro de la ciudad y el alcalde acusó a la Xunta de que no puede contratar un águila para espantarlos, para que defequen en cualquier otro sitio de los muchos abandonados, por ejemplo la avenida de Portugal. El concello no ha pagado unas galletas que se encargaron a unas monjitas, a saber si por desacuerdos con la receta.
Regresan las acusaciones de alergia al trabajo de los funcionarios municipales de la ciudad, como si la mayoría de los edecanes del alcalde fuesen capaces de ganarse el jornal en el sector privado al margen de la teta del dinero público. Abren unas zanjas en la........
