Cuando el destino nos alcance
El IMSS tiene una preocupación fundamental: sobrevivir.
Las protestas de sus trabajadores por salarios, falta de insumos y deterioro de las instalaciones exhiben problemas que millones de derechohabientes conocen. Pero hay algo más inquietante que las carencias actuales: sin cambios en su financiamiento y operación, no existe razón para suponer que mejorarán. La población que necesita servicios crece, envejece y eventualmente demandará tratamientos más costosos. Esa realidad es ineludible.
La presión empieza por el tamaño. En 2015, el Instituto registraba 61.9 millones de derechohabientes; para 2024 eran 77.4 millones. Son más de quince millones adicionales en nueve años. Si el IMSS sigue siendo funcional es porque afiliar no equivale a atender: cada nuevo derechohabiente implica disponer de consultorios, camas, especialistas, medicamentos y personal que claramente hoy son insuficientes. Ampliar la cobertura sin asegurar esas capacidades convierte una conquista social en una promesa que se cumple haciendo fila. La espera también tiene costos laborales y económicos que se ven reflejados en la productividad.
A ello se suma el envejecimiento. Las proyecciones de Conapo estimaban 17.1 millones de personas........
