Salvar a Aerocafé
“No hay en mi Gobierno tolerancia alguna con la corrupción… El que le meta la mano a la plata pública será castigado con severidad, como corresponde. Les advierto: absténganse de hacerlo. No lo voy a permitir”. Con estas palabras ratificó el presidente, Abelardo de la Espriella, su disposición para acabar con los vicios que en el último cuatrienio se convirtieron en el modus operandi de la cosa pública.
Pero la corrupción no solo es robarse los dineros del Estado, ni aliarse con los saqueadores de las arcas públicas para agotarlas, como hoy se encuentran. Corrupción también es aprovecharse del poder para el beneficio personal; manipular leyes, reglamentos y normas para amoldarlas a los propósitos individuales; o tergiversar los cánones legales para acoplarlos a intereses perversos. Porque estas acciones........
