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No a la guerra: también a la de Ucrania

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07.04.2026

Tanques ucranianos con la bandera nacional del país. / EFE/EPA/Sergey Kozlov

Cumplidos ya cuatro años de la guerra ruso-ucraniana, ambas partes están lejos de buscar un acuerdo. El legado de aquella Rus de Kiev, unificada con su conversión al cristianismo en el siglo X por Vladimir el Grande, príncipe de Nóvgorod, que floreció en las orillas del Dniéper entre los siglos VIII y XIII y desaparecida tras la invasión de los tártaros en 1250, sigue presente en el imaginario colectivo de los dos países hoy enfrentados. Para los ucranianos, la Rus de Kiev no se transformó directamente en Rusia, sino que terminó fragmentándose en múltiples territorios que dieron origen a Rusia, Ucrania y Bielorrusia.

Tras la desmembración de la URSS, la independencia de Ucrania (una más de las ex repúblicas soviéticas) no se dio mediante un movimiento popular masivo, sino que fue el resultado del colapso soviético. Sus primeros presidentes, como Leonid Kravchuck, fueron figuras del antiguo régimen soviético, reconvertidos en líderes nacionales. Más recientemente, el sentimiento nacionalista y el deseo de Ucrania de adherirse a la órbita occidental están detrás de la llamada ‘Revolución naranja’ de 2004, uno de cuyos objetivos fue la integración del país en las instituciones occidentales, la Unión Europea (UE) y la OTAN. Ucrania contaba con un 40% de población proeuropea, un 40% más vinculada a Rusia, y un 20% indecisa. El Kremlin entendió este movimiento como un intento de las potencias occidentales de extender su influencia al Este,........

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