Los terremotos y el problema del mal
Hay que afirmarlo desde Cali: los terremotos son aterradores. Causan incontables sufrimientos que producen desolación, perplejidad y miedo. Lo más urgente, lo que no da espera, es atender a las víctimas: encontrar y rescatar con vida a cuantos sea posible, asistir a los heridos y atender las necesidades de quienes perdieron sus viviendas o han quedado en situación de desamparo. Luego viene lo más difícil: concebir y hacer realidad un plan inteligente de reconstrucción y reparación de todos los daños ocurridos. Un terremoto obliga a resetear asuntos vitales para una ciudad.
En el ánimo humano -donde se unen inteligencia y sentimientos- quedan preguntas difíciles que algunos prefieren evitar: ¿Dónde estaba Dios? ¿Por qué existe el mal? ¿Puede Dios ser, a la vez, todopoderoso e infinitamente bueno? ¿Pudo evitar el terremoto, pero no quiso? ¿O quiso, pero no pudo?
Estas preguntas suscitan muchas reflexiones, como ocurrió con el terremoto de Lisboa el 1 de noviembre de 1755, en pleno auge de la Ilustración europea. Junto al enorme incendio que originó, ese terremoto destruyó la mayor parte de la capital portuguesa y produjo la muerte de cerca de 30.000 personas.
A ese desastre le debemos dos obras de Voltaire: el Poema sobre el desastre de........
