No me des, ponme donde hay
En México hay empresarios que tardan años, incluso décadas, en consolidar y hacer crecer una empresa. Conseguir clientes, pagar impuestos, innovar, generar empleos y sobrevivir no es fácil. Pero también están las historias que pueden ocurrir a otra velocidad por su cercanía con el poder.
La corrupción tiene una extraordinaria capacidad de adaptación. Cambian los partidos, los discursos y quienes ocupan los espacios de poder, pero persiste una vieja práctica, en la que convertir la cercanía con el gobierno es una ventaja económica.
Cambian los nombres de los beneficiarios, pero la lógica sigue siendo la misma.
El caso de Jorge Amílcar Olán vuelve a poner esta realidad frente a nosotros. Inició siendo un empresario dedicado al negocio de pisos y azulejos, diversificó sus actividades hacia medicamentos, materiales para obras ferroviarias y negocios vinculados con grandes proyectos........
