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Las elecciones que la izquierda nos propone perder

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31.08.2026

Desde hace unos meses, la inmigración se ha instalado con fuerza en el centro del debate español. La crisis de Ceuta ha sido, sin duda, el episodio más incómodo para el Gobierno. Tras la entrada masiva de migrantes, los ministros Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska se contradijeron en público sobre lo que el Ejecutivo sabía y sobre cómo había reaccionado. La cacofonía del Gobierno agravó una gestión ya deficiente y prolongó una crisis que ha ido adquiriendo una dimensión política cada vez más aguda. Los ataques racistas del jueves 27 de agosto en Ceuta fueron el punto culminante de una escalada que no se ha detenido, así como la consecuencia más preocupante de la prolongación del tema migratorio en la agenda.

Hemos llegado al punto en que algunos editorialistas anuncian que la inmigración decidirá las elecciones de 2027

Hemos llegado al punto en que algunos editorialistas anuncian que la inmigración decidirá las elecciones de 2027

Los medios lo convirtieron en el asunto del momento, y la rivalidad entre el Partido Popular y Vox hizo el resto. Ambas formaciones se disputan el mismo electorado y compiten por mostrarse más firmes. En pocas semanas, lo que hasta entonces apenas formaba parte de las conversaciones cotidianas pasó a ocupar otra vez el centro del debate público. Este mecanismo es conocido desde hace décadas. Los medios no nos dicen sólo qué pensar, sino, en buena medida, en qué debemos pensar. Fijan las preguntas, imponen los marcos en los que se discutirán y contribuyen así a definir los criterios con los que juzgaremos a quienes gobiernan. Hemos llegado al punto en que algunos editorialistas anuncian que la inmigración decidirá las elecciones de 2027, convirtiendo así un pronóstico en una realidad política que contribuye a hacer ya del asunto el eje central de la campaña. Los medios colocan el tema, los sondeos registran la subida del interés, la cobertura crece con las encuestas y los partidos se posicionan sobre lo que ellas señalan como prioritario. Cada uno cree seguir una demanda que en realidad alimenta.

El problema es que una vez que la inmigración ocupa ese lugar, la izquierda se enfrenta a un dilema que parece inevitable. Tiene que decidir entre responder al fondo del asunto o tratar de endurecer su posición. Dos caminos aparentemente opuestos que, sin embargo, conducen al mismo resultado. 

La primera consiste en entrar en la cuestión y defender la inmigración, recordando las necesidades de mano de obra, la aportación de los trabajadores extranjeros a las arcas de la Seguridad Social y el envejecimiento de la población que hace necesaria su presencia. Todo ello es cierto. Pero esta estrategia parte de un espejismo. Una campaña no se gana necesariamente dando mejores respuestas a las preguntas que plantea el........

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