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Las viejas advertencias sobre la deuda pública vuelven a ser nuevas

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01.08.2026

Los mercados de deuda soberana existen desde que la ciudad-Estado de Venecia emitió sus primeros bonos en 1171, pero la deuda pública no se hizo negociable en el mundo anglosajón hasta seis siglos más tarde. Los contemporáneos mantuvieron posturas enfrentadas sobre aquel avance. Alexander Hamilton lo consideraba una “bendición nacional”, mientras que otro padre fundador de EE UU, James Madison, veía en él una “maldición pública”. Varios de los principales miembros de la Ilustración escocesa se mostraron igual de sombríos. Con la deuda pública desbocada en todo el mundo desarrollado, sus temores resultan de lo más oportunos.

En su próximo libro, A Fabulous Debt: The Epic Story of How Bonds Built the Modern World (Una deuda fabulosa: la épica historia de cómo los bonos construyeron el mundo moderno), el periodista del Financial Times Robin Wigglesworth explica cómo la hegemonía geopolítica británica estuvo indisolublemente ligada a sus finanzas públicas y, en particular, a su capacidad para emitir ingentes cantidades de deuda barata. Thomas Mortimer, escritor financiero del siglo XVIII, describió el mercado de bonos del país como “el milagro permanente de la política, que a la vez asombra y sobrecoge a los Estados de Europa”.

No todos eran optimistas. En su ensayo de 1752 Del crédito público, el filósofo escocés David Hume se inquietaba por la nueva tendencia británica a “hipotecar las rentas públicas y confiar en que la posteridad pagará las cargas contraídas por nuestros antepasados”. El acceso al mercado de bonos, sostenía Hume, permitía a los políticos comportarse con extravagancia sin necesidad de subir los impuestos de inmediato: “La práctica de contraer deuda será, por tanto, casi infaliblemente objeto de abuso en cualquier gobierno”.

Adam Smith, el economista que escribió........

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