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No debería ser difícil

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04.06.2026

Juan me lo confesó. No sé cómo hablarle a mi jefe y decirle que no me siento cómodo con sus comentarios sobre mi desempeño. Me critica, me trata mal delante de otros, pero no quiero meterme en problemas.

Le pregunté si su jefe sabía cómo se sentía. Me dijo que no creía porque nadie se atrevía a decirle en realidad lo que piensa. Parece que todos simplemente le siguen la cuerda, sonríen o se van en silencio. Ese silencio que estalla tarde o temprano.

Invité a Juan a hablarle y encuadrar la discusión. Juan me miró con ojos de absoluto terror. No le gusta el conflicto y menos pensar en tener una conversación incómoda.

Le expliqué que no hay otra forma de asumirlo. Al toro hay que cogerlo por los cuernos, le dije. Y es que las conversaciones difíciles son parte inevitable de cualquier relación humana, especialmente en el entorno laboral. Sin embargo, existe una confusión frecuente y peligrosa: pensar que este tipo de conversaciones implica necesariamente incomodar de forma abrupta, hablar con dureza o incluso cruzar la línea hacia la grosería o el maltrato. Esta confusión termina........

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