Protestar sirve para algo
Entrevisté una vez a Jesús Morales, concejal de Urbanismo de Gijón durante dos décadas, y responsable de buena parte de la ciudad que hoy conocemos Gijón, en aquellos años, se dio la vuelta como un calcetín. Había dinero y ganas; eran aquellos años de alcaldes populistas y constructores, que a veces dejaron un legado positivo y a veces el de Marbella. Mi ciudad salió de ellos con una lista de obras que iban de una nueva playa artificial —la de Poniente— a barrios enteros levantados sobre los solares de las fábricas cerradas por la reconversión. Morales, como tantos otros en aquella España, pudo ser un pequeño Haussmann, y en aquella conversación sacó pecho, por supuesto, por su hoja de servicios. Pero también me hizo un elogio inesperado de la protesta social: "A mí —me dijo— que haya protestas me parece que está bien y que forma parte de la base de cualquier sistema democrático. Mal vamos cuando la gente no protesta". Me contó que, en las reuniones anuales con las asociaciones vecinales, más de una vez les echó la bronca, porque le pedían "cuatro bancos y cuatro farolas" y se quedaban "tan panchos"; "¡Os veo poco reivindicativos!", les reprochaba. Y me........
