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Ventajas de desclasificar documentos y partidas de bautismo

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28.02.2026

“Han desclasificado cuatro papeluchos previamente tratados”. Me quedo con este resumen del político del PNV Iñaki Anasagasti como conclusión del intento fallido de blanqueamiento juancarlista, para tomarlo como excusa y no perder más que unas pocas líneas en el asunto de los papeluchos tratados.  

El borbón Juan Carlos es un milmillonario, defraudador fiscal, evasor y blanqueador de capitales por lo que respecta al código penal, y un adúltero, chulo, traidor, perjuro, mentiroso y gamberro por lo que respecta al código moral católico de su familia. Punto.

Quiere volver a España porque se aburre como una mona en Suiza (es donde pasa más tiempo), está cascado, quiere morirse aquí, tener sus días de luto oficial, que nos incordien a todos con un funeral de estado y que lleven sus cenizas en volandas al Panteón del Escorial para depositarlas en el sarcófago de su abuelito Alfonso XIII, que como golpista y play boy es el que más y mejor le ha inspirado. Otro punto.

Si Juan Carlos no hubiera formado parte del golpe de estado del 23-F sería el primer borbón desde 1814 que no estuviera implicado en uno. 

Y como respondió Diego Camacho, agente veterano del CESID (ahora CNI) en el documental Salvar al rey de HBO, a la pregunta de su colega y también exagente Manuel Rey:

-Diego, tú que viviste el 23-F y lo sufriste, ¿el rey estuvo implicado en el 23-F?

-Totalmente, el rey, digamos, es el motor del golpe. Lo que pasa es que los reyes ni entran en los asaltos ni ejecutan nada. Él tiene una frase que lo refleja todo, que es: “A mí, dádmelo hecho”.

Si Juan Carlos no hubiera formado parte del golpe de estado del 23-F sería el primer borbón desde 1814 que no estuviera implicado en uno. No cuela. Punto final.

Justificada la actualidad, opto por seguir compartiendo las miserias y las corruptelas de los borbones a lo largo de los últimos tres siglos para preguntarnos por qué seguimos cargando con semejante mochila.

Entre las peores consecuencias que nos ha traído esta dinastía a la plebe y que más escándalos les ha proporcionado a sus miembros está el de sus matrimonios. Daría esto para muchos episodios, la mayoría absolutamente estrafalarios, pero también ha traído pésimas secuelas políticas y divertidísimos cotilleos. Ni uno solo de los matrimonios reales de los borbones ha tenido final feliz. Ni siquiera lo va a tener el actual, por mucho que confiara Felipe en que saltándose la arcaica ley dinástica que aún rige en la Casa Borbón la cosa se le iba a arreglar.

Veamos de dónde viene la acertada decisión de Carlos III de prohibir los matrimonios morganáticos en la familia borbónica, porque eso nos ayudará a ir entendiendo en futuras entregas por qué todas las familias reales han acabado totalmente desestructuradas.

Si tiramos de diccionario, dice que se llama morganático al “matrimonio contraído entre un príncipe y una mujer de linaje inferior, o viceversa”. En España el matrimonio morganático está prohibido porque así lo impuso Carlos III para su dinastía mediante Pragmática Sanción de 1776. Pueden llevarse a término, por supuesto, pero aceptando el príncipe o la princesa que se case con alguien de inferior rango el quedar apartado o apartada automáticamente de la sucesión a la corona y con la prohibición expresa de que los hijos habidos de semejante matrimonio morganático lleven el apellido Borbón.

Quizás se entienda mejor ahora por qué servidora, obediente a la norma dinástica impuesta por Carlos III, me refiero siempre a Leonor y Sofía Ortiz como simples ciudadanas, consecuencias ambas del matrimonio morganático de sus padres.

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Quede claro, sin embargo, que esto tampoco va a ninguna parte, porque estas son las mamandurrias de los reyes que los reyes se saltan cómo y cuándo les da la gana porque ellos son como Juan Palomo. Si la norma es suya y se la impusieron ellos, pues se la........

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