Pintar de verde el colonialismo
La nueva Ley Foral de Industria y Fomento Empresarial de Navarra –admitida a trámite el 15 de junio de 2026, con enmiendas hasta el 15 de septiembre– llega envuelta en las palabras de siempre: transición ecológica, digitalización, economía circular. Suena bien. Demasiado bien. La norma proclama que quiere convertir a Navarra en “un referente industrial en Europa”. Pero ¿de qué Europa hablamos? ¿La que quiere convertir el Mediterráneo y las fronteras de Ceuta y Melilla en una inmensa fosa común? ¿La que levanta muros para las personas mientras abre autopistas para los minerales?
La libre circulación solo parece un derecho cuando viajan capitales, mercancías o litio; nunca cuando quien llama a la puerta es un ser humano. Mueren hombres, mujeres y menores cuyo único delito consiste en buscar una vida digna. No son tragedias aisladas. Son la consecuencia lógica de una política migratoria construida sobre la externalización de fronteras, la militarización y la deshumanización del otro. No puede hablarse de una transición ecológica justa mientras se acepta que miles de personas mueran para proteger el bienestar material europeo.
El propio consejero de Industria firmaba hace unos días un artículo en el que citaba a una psiquiatra para recordarnos que “el 90% de las cosas que nos angustian nunca ocurren” antes de enumerar, él mismo, los datos que sí deberían angustiarnos: caída de las exportaciones, retroceso de la producción industrial, fin de los fondos Next Generation. Alertando de la ralentización industrial en Navarra y proponiendo tres pilares para reactivarla: agilidad administrativa (la propia Ley Foral), consolidación del ecosistema (el Plan de Reactivación Industrial) y más financiación pública para atraer inversión.
Tres nombres para la misma apuesta de siempre, la........
