Privacidad y confianza digital: diez años después de la aprobación del GDPR
Hace diez años, el problema que tenía la privacidad era que, para muchos, suponía un problema. Una restricción a un ecosistema digital obsesionado con crecer rápido, medirlo todo y preguntar lo justo.
La regla no escrita era sencilla: si el dato existe, se puede usar. Y cuantos más datos, más oportunidades, más ingreso. Pocas preguntas. Pocas explicaciones. Ninguna prisa por incomodarse.
Los datos eran el “nuevo petróleo” y los usuarios un yacimiento de señales y rastros digitales bajo la inferencia de algún algoritmo. El consentimiento, cuando lo había, se diluía en textos interminables que nadie leía y casi nadie entendía y que funcionaban como una coartada de cumplimiento, una formalidad borrosa, insuficiente y éticamente débil.
Y entonces, se aprobó el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) y cambió las reglas del juego. Nos obligó a madurar.
Para algunos fue un anuncio del apocalipsis. El principio del fin. Para otros, una excesiva carga regulatoria.........
