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Prólogo de una amenaza existencial

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04.08.2026

Prólogo de una amenaza existencial

La gran paradoja de nuestra historia reciente es que el PSOE no desarticuló la cultura del franquismo. La tradujo al idioma moral de la izquierda.

Una nación comienza a desaparecer mucho antes de que alguien borre su nombre del mapa. Primero pierde el rumbo. Después aprende a convivir con su debilidad. Por último, otros empiezan a decidir por ella. Suecia lo descubrió en el siglo XVIII. Tras la Gran Guerra del Norte, el país que había dominado el Báltico pasó casi de la noche a la mañana de gran potencia a ser la nación paria de Europa. La llamada Era de la Libertad limitó el poder absoluto de la Corona, pero no pudo impedir que la corrupción, el dinero extranjero y la guerra de facciones fueran vaciando el Estado por dentro.

España debería mirarse en ese espejo. Nuestra historia reciente había seguido el camino contrario. Tras la Guerra Civil, el aislamiento internacional encerró al país en una autarquía sin salida. En cuanto se abrió una grieta, la España franquista corrió hacia ella: los acuerdos con Estados Unidos, la ONU, el GATT; después, ya en democracia, la OTAN, la Comunidad Económica Europea y la OMC. No era una colección de siglas. Era una larga fuga de la soledad. Puro instinto. España había aprendido, a un precio muy alto, que quedarse fuera del mundo significaba quedarse a merced del mundo.

Creímos que aquella etapa había quedado para siempre a nuestras espaldas. No era verdad.

José Luis Rodríguez Zapatero comenzó a invertir el rumbo en 2005, cuando firmó con Hu Jintao la Asociación Estratégica Integral entre España y China. Lo llamó multilateralismo, un eufemismo........

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