No basta con saber colocarse
Hay una nueva especie política que merece ser estudiada por la ciencia: el político invisible en el trabajo y omnipresente en la fotografía. No se sabe muy bien qué hace, pero aparece en todas partes: inauguraciones, congresos, mítines, reuniones, visitas institucionales, comidas de partido, actos culturales, entregas de premios y hasta en fotografías en las que nadie recuerda haberlo invitado. Pero allí está. Siempre está. Y, sobre todo, siempre está al lado del líder.
Porque algunos han descubierto que la política moderna no consiste tanto en hacer cosas como en conseguir que parezca que uno las está haciendo. Y para eso no hay herramienta más eficaz que una cámara y una buena posición en el encuadre. El secreto está en colocarse: no demasiado delante, porque eso podría molestar al jefe; no demasiado detrás, porque entonces la fotografía podría demostrar que uno no es importante. Lo ideal es ese punto mágico en el que el líder aparece claramente como líder y el subordinado suficientemente cerca como para que cualquiera pueda pensar: “Este debe de ser alguien importante”. La política convertida en geometría de proximidad.
Hay auténticos especialistas. Detectan una cámara a cincuenta metros con la precisión de un águila. Pueden estar conversando tranquilamente, pero en........
