Sobre el asombro
Hay que volverse pequeño para saber que la vida es grande. Ventilar los aires ufanos que soplan en estos tiempos ufanos. Y, sobre todo, recordar que cada uno de nosotros no es un ciudadano tributable, sino una colectividad microscópica, una galaxia de microorganismos desconocidos e inteligentes. De poco sirven el telescopio y el aumento atómico desde la arrogancia tecnicista. La verdadera emoción no está en demostrar, sino en el hambre de mundo de saberse bajo el firmamento o en atender a la herida que se cierra convirtiendo la sangre en postilla y la postilla en piel.
Maravillarse ante la vida y sentir el regalo de estar aquí tendría que ser nuestra gran tarea, cada día. No hay alabanza suficiente para el fuelle pulmonar autónomo en el que se anclan nuestros pequeños pensamientos, ni para los sueños que cruzan el inconsciente mientras dormimos, con el gato a los pies, y que son mensajes velados de........
