El extraño origen de las nuevas potencias
Para cualquier observador que se haga las preguntas centrales que definen a la guerra de Ucrania –la cual se prolonga ya desde 2022–, hay una imposible de evadir: ¿cómo resistió Moscú la imposición de 28 mil 500 sanciones (¡sic!) y logró mantener su aparato militar en marcha? Ese extravagante cúmulo de sanciones, que de facto desacoplaron a Rusia de la economía occidental y secuestraron todos sus fondos depositados en la banca internacional, perseguían no sólo inhabilitar su maquinaria de guerra, sino crear tal grado de precariedad que llevara a su población a rebelarse contra el régimen de Putin.
Nada de esto ha sucedido hasta la fecha. Y hoy conocemos una de las respuestas. China y el complejo asiático, que incluye a India, Vietnam, Indonesia, Corea del Sur y los otros países de la región, se rebelaron como un motor económico, tecnológico y financiero capaz de sostener a una sociedad como la rusa y dar la espalda a las restricciones estadunidenses. Y esto es acaso lo que más intimida a Washington: la aparición de un mundo –el complejo asiático– que ha adquirido tal fuerza que puede hacer caso omiso de su control y del cual no puede prescindir. El complejo asiático no opera como un archipiélago de países, sino como una racionalidad gubernamental alternativa.
China, India o Vietnam no son “socios” de Rusia; son los operadores de un espacio de seguridad paralelo que, al........
