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Privilegiados en casa ajena

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28.09.2026

Por primera vez en la historia de la Humanidad, y con sorprendente unanimidad de países y partidos, los gobernantes europeos han demostrado que no les preocupa la continuidad de sus respectivos pueblos. Si se lo hubieran explicado a cualquier gobernante de hace tan solo algunas décadas, monarca absoluto o presidente republicano, civil o militar, de izquierda o derecha, creyente o ateo, desde Lisboa hasta Moscú, no habría podido comprenderlo.

La causa de este sorprendente comportamiento es que todos ellos, incurables cosmopolitas desarraigados, están convencidos de que las naciones son como un espejismo, o mejor aún como las constelaciones: creemos que las estrellas que las forman están vinculadas entre sí, cuando son independientes, lejanas y ajenas. Solamente nosotros, microbios que las contemplamos desde aquí abajo, las percibimos como una unidad debido a que su brillo parecido las destaca sobre el oscuro fondo del firmamento. Pues lo mismo, según los aspirantes a apátridas, sucede con las naciones.

Y aun en el caso de admitir que........

© La Gaceta