El regalo de Trump a Putin es solo la mitad de la historia
Casi cinco años después de la invasión de Ucrania, quienes defienden endurecer las sanciones occidentales contra la Rusia de Vladímir Putin tienen pocos motivos para sentirse satisfechos.
Donald Trump ha abierto en las restricciones a las exportaciones energéticas rusas un hueco por el que cabría el superyate de un oligarca. Su acuerdo permitirá que llegue más diésel a los mercados internacionales. Mientras tanto, la Unión Europea persevera con un vigesimosegundo paquete de sanciones contra personas y entidades rusas, aunque empieza a comprobar los límites de su influencia. Las vías para eludir las restricciones proliferan. Incluso Francia y Luxemburgo intentan resolver problemas políticos propios levantando las medidas contra determinados multimillonarios.
Desde la invasión de 2022, el rumbo de las sanciones ha sido desalentador. La Casa Blanca de Trump dirige sus armas financieras y diplomáticas hacia casi cualquier lugar salvo Moscú. La guerra contra Irán y el cierre del estrecho de Ormuz han agravado el problema: encarecieron el petróleo ruso y acabaron empujando al presidente estadounidense a buscar desesperadamente un alivio para el mercado del diésel antes de las elecciones legislativas. El resultado es un regalo de cumpleaños para Putin, envuelto con esmero.
Las contradicciones europeas
Los europeos pueden llevarse las manos a la cabeza ante un acuerdo tan favorable a Moscú, pero tampoco tienen mucho de lo que presumir.
Están más dispuestos a castigar a Rusia ante la intensificación de los ataques contra Ucrania y las incursiones cada vez más descaradas en el territorio y el espacio aéreo de la UE. Sin embargo, carecen del poder que el sistema financiero basado en el dólar otorga a Washington y tardan más en alcanzar acuerdos, explica el historiador Nicholas Mulder, autor de The Age of Confiscation.
Menos justificable es que la UE siga........
