menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Argentina-Inglaterra: no es una guerra, pero tampoco es solo fútbol

17 0
15.07.2026

Argentina e Inglaterra volverán a encontrarse en un Mundial cuarenta años después de la Mano de Dios y veinticuatro después de su último enfrentamiento. Lo harán por primera vez en unas semifinales y con una plaza en la final en juego. Demasiado fútbol como para necesitar algo más.

Por eso, en los días previos al partido, una federación de veteranos argentinos de la Guerra de las Malvinas pidió separar la memoria histórica de la rivalidad deportiva. El encuentro, defendieron, no debía convertirse en una revancha ni utilizarse para alimentar el odio entre dos países. También Lionel Scaloni y Jordan Pickford intentaron rebajar el peso político del enfrentamiento. El seleccionador argentino insistió en que solo habrá fútbol en juego. El guardameta inglés resumió el escenario con una idea parecida: dos países orgullosos y un balón encargado de hablar.

Sin embargo, incluso cuando Argentina e Inglaterra consiguen apartar la política, la historia nunca desaparece completamente.

La rivalidad también guarda otro conflicto mucho más relacionado con el césped: la discusión permanente sobre quién imparte justicia. Desde la expulsión de Antonio Rattín en 1966 hasta las polémicas del VAR que acompañan a Argentina durante el Mundial de 2026, casi cada gran enfrentamiento ha dejado una decisión arbitral convertida en parte de la memoria colectiva.

No es únicamente una historia de goles.

Es una historia sobre autoridad, engaño, interpretación, tecnología y sospecha.

Rattín y una expulsión que nadie consiguió explicar

El primer gran episodio llegó durante los cuartos de final del Mundial de Inglaterra de 1966.

Argentina había convertido el partido en un ejercicio de resistencia ante la anfitriona cuando el árbitro alemán Rudolf Kreitlein decidió expulsar a Antonio Rattín, capitán de la Albiceleste. No existían todavía las tarjetas rojas y amarillas. La autoridad se transmitía mediante gestos, palabras y decisiones que los jugadores debían interpretar.

El problema era evidente: Kreitlein no........

© El Plural