¿Quién educa realmente a una ciudad?
Durante décadas hemos depositado la responsabilidad de formar ciudadanos casi exclusivamente en la escuela, como si la educación comenzara con el timbre de entrada y terminara al sonar el de salida. Sin embargo, basta observar la vida cotidiana para comprender una verdad incómoda: las ciudades enseñan todos los días, incluso cuando nadie pretende instruir. Cada conversación, cada gesto y cada decisión pública terminan convirtiéndose en una lección colectiva determinante.
Esta realidad trasciende a la capital del Magdalena y atraviesa prácticamente todas las sociedades contemporáneas. Mientras las instituciones educativas transmiten conocimientos y valores, el entorno confirma o contradice esas enseñanzas. La ciudad, sus medios, sus conversaciones, el comportamiento de sus instituciones y hasta la manera como resolvemos los conflictos terminan configurando un currículo invisible que influye mucho más de lo que solemos admitir. Cuando el........
