El problema no es la IA en política
La inteligencia artificial dejó de ser una promesa tecnológica para convertirse en un actor político. Ya no hablamos únicamente de algoritmos capaces de redactar discursos, generar imágenes o responder preguntas. Ahora hablamos de una tecnología que empieza a intervenir en aquello que durante siglos constituyó el corazón de la política: la construcción de narrativas, la persuasión y la disputa por el poder. Por eso, ya todos los textos, campañas y slogans son igual de planos.
La política siempre ha sido una batalla por el poder y, por supuesto, por su significado. Por eso, quien logra imponer una narrativa consigue ordenar la realidad desde su propio marco de interpretación o, como lo dice Lackoff, los marcos cognitivos. La diferencia es que hoy la inteligencia artificial puede producir miles de narrativas, adaptadas a millones de personas y distribuidas en segundos.
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