Finales a la altura
Finales a la altura / El Día
Recuerdo la sensación de terminar un libro de la saga de Harry Potter. Me dejaba un vacío, una intriga pendiente de resolverse, porque había que esperar a que se publicara el siguiente, y para eso quedaba, por lo menos, un año. Cuando llegara el momento soñado, yo estaría en la librería desde el primer día y tardaría dos en leérmelo. Durante el tiempo de espera, los aficionados a la saga sentíamos incrementarse nuestra afición: releíamos los anteriores, desarrollábamos hipotéticos finales en la cabeza y, cada vez que conocíamos a alguien, en silencio lo clasificábamos en una de las cuatro casas de Hogwarts. Mientras, leíamos otros libros, claro, pero nos parecía que ninguno llegaba al nivel de aquel que con tanto ahínco esperábamos.
A mí me ocurrió con Harry Potter, pero a otros les pasó algo similar con Crepúsculo, Memorias de Idhún o Los juegos del hambre. Y creo que esas sagas literarias que llegaron en mi adolescencia fueron el precedente –al menos, en el efecto que generaban– de las series actuales, que se han convertido en el producto cultural estrella en los últimos años gracias a la........
