Aunque haya distractores, el planeta sigue en peligro
Por: Hugo Fernando Cabrera Ochoa
Por estos días volví a hojear una de esas obras literarias que, aunque fueron escritas hace décadas, parecen empeñadas en recordarnos que algunas advertencias terminan convirtiéndose en realidad. Me refiero a Un mundo feliz, de Aldous Huxley, publicada en 1932.
Huxley imaginó una sociedad en la que los seres humanos habían sacrificado buena parte de su libertad y de su capacidad de cuestionar a cambio de comodidad, entretenimiento y satisfacción inmediata. Una sociedad en la que pensar demasiado resultaba inconveniente y cualquier malestar podía ser anestesiado con alguna forma de placer.
Casi un siglo después, no vivimos exactamente en el mundo que imaginó Huxley. Nadie nos obliga desde un laboratorio a aceptar dócilmente el sistema. No hace falta. Hoy tenemos algo mucho más sofisticado: una maquinaria capaz de mantenernos permanentemente ocupados, entretenidos y consumiendo.
Nos dice qué comprar, qué desear, qué mirar, qué odiar, qué admirar y,........
