Lunáticos
07 de abril 2026 - 03:07
Como saben, el pasado miércoles cuatro astronautas pusieron rumbo a la Luna, a la que rondarán hasta este viernes. Pocos días para un viaje tan largo. Pero todo está bien pensado. Han ido cuando está más grande, al filo de la luna llena, para no caerse ni quedarse enganchados en las puntas menguantes. Y a una hora, las 18:35, en la que está bajita (este año, los hermanos mayores no han estado tan pendientes de los partes del tiempo en su zona como de los de Cabo Cañaveral). Va a ser precioso volver a ver desde lo alto la Tierra que –hay quien jura– es redonda y azulita pero plana, lo mismito que un plato de loza cartujana. Lo que no sabemos es si la Luna es esférica o un mero redondel, un roto en la sábana de satén negro del cielo. Este extremo importa en estos tiempos, pues no será el mismo gasto de gasolina si para llegar a la cara oculta toca circunnavegarla o basta con doblar la esquina. Ir a la parte de atrás viene muy bien para conocer a los pacíficos selenitas, que allí viven con tal de no vernos. También para hacer pipí discretamente, ya que al váter de la nave tiene rota la cisterna, sin que los veamos quienes en estos días de gólgota y plenilunio admirábamos el astro (ahora barroco) sobre los pasos de misterio.
Leo que se trata de una expedición inclusiva: una mujer, un negro, uno que no es gringo y, el capitán (eso sí) yanqui, blanco y heterosexual puro. Los antiwoke están a esto de exigir para la próxima a un torero. Leo también que, entre otros, un proyecto malagueño colabora en el diseño de sistemas para cultivar en el satélite, y ya me estoy imaginando las cuadrillas de astronautas aceituneros.
¿Y qué verán estos orionatuas desde ahí arriba, si es que les dejan contemplar y suspirar por un ratito (en todos los trabajos se fuma)? Han dicho que Españita centellea justo donde el planeta se curva, y que la aurora emite un tenue resplandor verde, lo cual es de premio literario. Como canta Daniel Mata, desde allí se nos verá chiquititos, y a Donald Trump ni se le ve. Al que habrán visto desde Orión en los pasados días es a Juanma Procesiones y a todo el chorreón de políticos llegados desde más allá de Despeñaperros para ponerse en medio, hacerse cruces y fotos, y meter en gordo la patita: es tiempo de elecciones. Los lunáticos, qué duda cabe, seguimos aquí abajo, sin pisar luna firme.
También te puede interesar
República de las Letras
¿Por la patria o por la pasta?
La ciudad que dejamos
La credibilidad de la política, en el banquillo
Almería y Andalucía: política del escaparate
