El Sindicato de los Malitos
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Existió una época en Monterrey —que vivimos varias generaciones nacidas de los cincuenta en adelante— donde las fantasías se construían de frente, con peluca, maquillaje y la honestidad de quien se sabe payaso.
Cuando los creadores de Las Aventuritas armaban una trama sobre espías o batallas militares, recurrían a la pureza del juego:
El Profesor Pilocho inventaba un artefacto ridículo y Pipo Morrow tropezaba con los villanos en una esquina cualquiera de la ciudad.
El público reía porque el pacto era transparente:
Aquello era una hermosa mentira diseñada para alegrar la tarde.
Hoy, sin embargo, la televisión y las redes han sido invadidas por una nueva estirpe de contadores de historias.
Son aprendices de comediantes disfrazados de analistas solemnes, malos copistas de la ficción que, bajo el nombre de periodistas como Ramón Alberto, se dedican a saturar el ambiente con libretos........
