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Cabo Verde: La selección del desarrollo

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05.07.2026

Hay países que juegan al fútbol con once jugadores. Otros juegan con once millones. Y luego está Cabo Verde, que decidió jugar con el planeta entero.

La revelación del Mundial no fue únicamente su fútbol alegre ni su admirable disciplina táctica y resiliencia. Tampoco la serenidad con la que enfrentó rivales infinitamente más ricos y poblados. La verdadera sorpresa ocurrió mucho antes de que rodara el balón.

Los dirigentes de Cabo Verde comprendieron una verdad elemental: el país no terminaba donde terminaban sus playas. Descubrieron que sus mejores futbolistas estaban repartidos entre Portugal, Francia, Holanda, Bélgica y otros rincones del mundo. Algunos eran profesionales; otros combinaban el entrenamiento con trabajos completamente ajenos al deporte. Vozinha, su arquero estrella, trabajó durante años como electricista en Portugal mientras atajaba los fines de semana para un club de segunda división.

Y entonces hicieron algo extraordinariamente inteligente: en lugar de lamentarse porque su talento había emigrado, fueron a buscarlo. Inclusive los buscaron los Linkedln. Es una estrategia tan sencilla que resulta casi ofensiva para quienes creen que la planificación consiste únicamente en inaugurar edificios y cortar cintas o colgarse repitiendo Cabo Verde, Cabo Verde…

Mientras muchos países siguen preguntándose cómo evitar que la gente se vaya, Cabo Verde decidió preguntarse cómo hacer que quienes ya se fueron sigan jugando para su país. El fútbol, como suele ocurrir, terminó enseñando una lección mucho más importante que el fútbol.

Durante décadas, América Latina utilizó una expresión dramática: fuga de cerebros. La frase transmite una........

© Correo del Sur