Semillas de la ley para la reforma política
Semillas de la ley para la reforma política
El anhelo de España, la sabiduría política, el respeto al saber jurídico, la jerarquización de las metas y la capacidad de serenar las pasiones de la Guerra Civil fueron la simientes de la Transición
Luis María Cazorla Prieto
En el próximo diciembre hará cincuenta años que la Ley para la Reforma Política fue aprobada por las Cortes franquistas por 425 votos a favor, 59 en contra y 13 abstenciones. Esta ley, como recalcó Herrero de Miñón el pasado agosto en la Menéndez y Pelayo, fue la llave que abrió la puerta a las elecciones democráticas del 15 de junio de 1977 y a la legislatura que alumbró la Constitución. Este descomunal paso político fue impulsado por las aspiraciones y presión populares, la altura de miras de muchas fuerzas poolíticas, sindicales y empresariales, el aliento de Juan Carlos I, el pulso jurídico de Torcuato Fernández-Miranda y la habilidad de Adolfo Suárez. Pero con estos factores coincidieron otros que, como semillas sembradas antes, contribuyeron al éxito de la Transición. Traigo a colación alguno de ellos, que aprecié personalmente.
En primer término me refiero a lo que podemos llamar anhelo de España. Lo pude advertir en alguna de las conversaciones que mantuve con diputados que llegaron al Congreso en julio de 1977 y que habían sufrido el exilio. Recuerdo hablar de ello con Santiago Carrillo, Ignacio Gallego y Tomás García, y sobre todo con Francisco Ayala, no diputado pero sí letrado en el Congreso republicano. A pesar de estos testimonios directos, no comprendí en toda su dimensión su importancia como semilla de la Transición y de su vehículo jurídico inicial, la Ley que cumple cincuenta años, hasta que escuché al catedrático y académico Juan Francisco Fuentes pronunciar su magnífico discurso de ingreso........
