|
Katy MikhailovaLibertad Digital |
Toros, fútbol e ídolos se cruzan en una reflexión sobre las figuras que despiertan admiración, rechazo y una necesidad inevitable de seguir mirando.
Pasado el eclipse, toca observar el comportamiento de la fauna ibérica en vacaciones, desde la migración de sombrillas hasta el misterio del amor.
Escribo desde Palma de Mallorca, donde en agosto uno puede comprobar que el Mediterráneo sirve para casi todo.
El «lujo silencioso» frente a la apariencia: una reflexión sobre cómo el bidé desaparece de las casas modernas para ganar espacio.
No eran pasajeros de un tren. Ni maletas perdidas en Barajas. Ni votos en un escrutinio. Eran veintiséis vacas.
La elegancia nunca ha consistido en sufrir. Consiste en entender el contexto. Porque el verano no justifica cualquier cosa.
Hace unos días leí un artículo que llevaba por título Doña Bea Fanjul es para siempre. Lo escribían como una sátira.
Vivimos un momento curioso. Nunca ha habido tanta gente hablando de generosidad y, al mismo tiempo, tan pocas personas verdaderamente generosas.
Dicen que el silencio es oro. Debe de ser por eso que cada vez queda menos.
Pensé que los toros sobreviven precisamente porque son uno de los últimos lugares donde la estética sigue teniendo valor por sí misma.
De cómo el turismo de masas y las redes sociales nos convirtieron en clones, y por qué la resistencia hoy se viste con estampado de leopardo.
Vivimos en una época empeñada en "blanco sobre blanco" y obsesionada con borrar.
Hay personas que tienen una flor en el culo. Y luego están las que tienen el Jardín Botánico entero.
Occidente parece haber descubierto algo revolucionario: lo natural no era aburrido y la sofisticación no consistía necesariamente en parecer otra.
Las grandes marcas miran hacia Madrid. Activan aquí. Celebran aquí. Invierten aquí. Se inspiran en Madrid.
Vivimos una era fascinada por la superficie y agotada por el fondo. Nos escandaliza más un mal look que una mala estructura.
Somos tan iguales y, al mismo tiempo, nunca habíamos estado tan obsesionados con ser únicos. Y ahí está la paradoja.