Fracking Social. De la arena a la muralla
A las cinco y treinta de la mañana, la ciudad parecía la misma de siempre. La abuela se acomodaba el audífono en la oreja derecha para descifrar el rumor, los burócratas revisaban expedientes con la fe intacta en el trámite y el obispo —de sotana o de corbata— descendía del buque con su promesa de absolución bajo el brazo. Nadie sospechaba que el silencio ya había abierto el primer pozo. Creían que gobernar era administrar la rutina, recortar párrafos sobrantes y podar el exceso verbal de la ley para aligerar el peso del Estado. No sabían que cada palabra suprimida de un manual oficial funciona como un diminuto grano de arena inyectado a alta presión en las grietas del tejido........
