Lo que el dinero no puede comprar
En días pasados empecé a ver La rosa blanca, la película de Roberto Gavaldón que estuvo censurada durante años en México. Volver a ella en marzo, después de la conmemoración de la Expropiación Petrolera y del natalicio de Benito Juárez, no remite sólo al pasado. El petróleo sigue pesando en México. Pesa en la historia, en la energía, en las finanzas públicas y en la discusión de fondo sobre qué tanto puede un país dejar al mercado y qué tanto debe resguardar como asunto de soberanía.
La historia gira, en el fondo, alrededor de una codicia conocida: la de petroleros extranjeros que miran la tierra no como arraigo, comunidad o herencia, sino como mercancía. Hay una escena suficiente para entenderlo. Primero se elogia la belleza del lugar. Después aparece una montaña de oro. Vacas, carro nuevo, una vida más holgada, promesas de progreso. Más que la cantidad, importa el gesto. No se está discutiendo sólo un precio. Se está intentando traducir a dinero algo que hasta entonces pertenecía a otro orden.
Esa escena impacta porque deja ver una operación muy........
