Espero que la gobernadora no haya estado alcoholizada
Maru Campos tenía el tablero servido. Literalmente. Un narcolaboratorio desmantelado en plena Sierra Tarahumara, con 55 mil litros de sustancias líquidas, 50 toneladas de precursores y casi dos mil litros de metanfetamina listos para inundar las calles de México y Estados Unidos. Un golpe que, según la propia Fiscalía General de la República, fue “significativo”. Y, para rematar, Morena —el partido que gobierna el país y que ha sido señalado hasta el cansancio por sus presuntos acuerdos con el crimen organizado— decidió convertirla en la villana del momento. Acusarla de “traición a la patria” por permitir (o al menos no impedir) la presencia de agentes extranjeros en territorio nacional.
Para la inmensa mayoría de mexicanos que no viven pegados al hilo de X ni devoran columnas de opinión, el argumento era clarísimo y brutalmente efectivo: “¿Me critican por destruir un laboratorio de droga mientras defienden a sus gobernadores y exgobernadores con carpetas llenas de narco-acusaciones?”. Esa era la batalla política ganada. La victoria moral, en cambio, estaba perdida desde el principio. Permitir que agentes de........
