Quieren dividir a AMLO y Claudia con perlas de lluvia del país donde no llueve
Es la primera vez que veo a gente sensata dudar acerca de si ha iniciado un rompimiento —o al menos un distanciamiento, un enfriamiento— de la relación estrechísima, poderosísima, sincera, de admiración recíproca, de profundo aprecio político y personal, entre Claudia Sheinbaum Pardo y Andrés Manuel López Obrador.
Tres episodios consecutivos y la forma en que cierta comentocracia los ha manejado sembraron la incertidumbre acerca de lo que era una certeza: la imposibilidad de que Claudia peleara con Andrés Manuel.
Uno de esos hechos fue el retorno, en mi opinión producto de una evidente alteración emocional, psiquiátrica, de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa. Para la comentocracia fue una provocación que AMLO ordenó ejecutar al sinaloense, quien enfrenta serios problemas relacionados con investigaciones de la justicia de EEUU. Para la comentocracia se trató de una “asonada” —Raymundo Riva Palacio dixit—, un motín respaldado “por el ala dura de la 4T en defensa de los intereses personales del expresidente Andrés Manuel López Obrador, que rompió el pacto que tenía con la presidenta para actuar con prudencia frente a Estados Unidos”.
El segundo hecho fueron los elogios del director de la DEA, Terry Cole, a Omar García Harfuch, quien se supone que no es aceptado por los duros de Morena —donde los duros serían no solo los lópezobradoristas de toda la vida, sino también los izquierdistas sin pasado en otros proyectos políticos—. Como si no fuera un hecho biográfico irrefutable que la persona de la 4T con una historia de lucha social de izquierda más prolongada fuera Claudia Sheinbaum, quien jamás coqueteó con opciones ideológicas o políticas distintas al........
