El enemigo es Iván Cepeda
Voy a ser directa porque el momento lo exige. No hay tiempo para eufemismos ni para la cortesía diplomática que tanto nos cuesta en este país, porque lo que está en juego el 31 de mayo es la libertad de nuestro país. Es saber si Colombia sigue siendo una democracia cuando amanezca el 1 de junio.
Iván Cepeda no es un candidato de extrema izquierda con quien se puede estar en desacuerdo y seguir adelante. Eso sería lo normal en una democracia sana. Cepeda es algo diferente y más peligroso, es un ideólogo que lleva décadas construyendo un proyecto para el que la democracia no es un valor en sí mismo, sino un vehículo para llegar al poder, y una vez allí, cambiarlo todo para que nadie pueda quitárselo.
Lo dijo él mismo, con sus propias palabras. Ha empleado conscientemente la palabra ‘revolución’ para definir la necesidad de hacer irreversibles las transformaciones que comenzó el Gobierno de Petro. Irreversibles. Esa palabra no la pronuncia un demócrata. La pronuncia alguien que ya decidió de antemano que si Colombia cambia de opinión, ese no es su problema. Chávez usó exactamente ese vocabulario. Lo mismo Ortega en Nicaragua, lo mismo Maduro cuando heredó el poder. La democracia real se distingue de la dictadura en una sola cosa fundamental: que el poder se puede devolver. Cepeda no tiene intención de devolverlo.
Y el instrumento para garantizarlo ya está sobre la mesa. La constituyente sigue siendo uno de los caminos para impulsar los cambios profundos que busca Cepeda, como está escrito en su propio programa de gobierno. Pero no es cualquier constituyente. El constitucionalista Mauricio Gaona, Oppenheimer scholar y uno de los juristas más respetados de Colombia, ha prendido todas las alarmas. Gaona advierte que si un eventual gobierno de Cepeda logra instaurar una asamblea de carácter originario sin controles efectivos, un escenario de clausura del Congreso resulta factible. Y lo explica con precisión quirúrgica. Las dictaduras constitucionales del siglo XXI ya no llegan por las armas ni por la fuerza como fue el caso de Cuba, sino a través del arma nueva que utilizan los dictadores modernos: la........
