Cuando el ego ocupa el lugar de Colombia
Hay algo que me viene inquietando desde hace meses. Cada vez escucho a más personas decir lo mismo: ‘Lo que sea menos esto’. No importa quién, no importa cómo ni qué proponga. Lo importante parece ser castigar. Y cada vez que escucho esa frase pienso lo mismo: Colombia está entrando en un terreno peligroso. Porque una cosa es querer un cambio y otra muy distinta dejar de evaluar con profundidad.
Hoy Colombia enfrenta decisiones demasiado importantes para quedarse únicamente en los títulos, las hojas de vida o los discursos. Los candidatos no son solamente programas de gobierno; también son conducta, trayectoria y liderazgo. Importa cómo tratan a quienes piensan diferente, cómo reaccionan bajo presión y de qué personas deciden rodearse. Porque al final los gobiernos no se construyen únicamente con ideas, sino también con quienes las ejecutan.
Después de años difíciles con el Gobierno de Gustavo Petro, es normal que exista frustración. Es normal que exista inconformidad y que millones de colombianos quieran un rumbo diferente. Lo que no debería pasar es que la frustración termine convirtiéndose en brújula.
Cuando el deseo de castigar reemplaza el deber de evaluar, la reflexión empieza a perder espacio frente a la emoción. Y cuando las decisiones se toman únicamente desde la emoción, las consecuencias suelen aparecer cuando esa emoción ya pasó.
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