Donde come uno, comen dos
Cuando era niño, mi madre y mi abuela siempre me enseñaron sobre los valores de la bondad y el agradecimiento por los privilegios con los que uno cuenta. Frases como: “Es comida de Dios” o “Donde come uno, comen dos” se convirtieron en parte de mi vocabulario, igual que le ocurrió a millones de niños colombianos a lo largo de las generaciones. Un dicho de abuelos que por mucho tiempo permaneció en el argot popular y en el vocabulario de todo colombiano. Estas frases se pusieron a prueba el lunes 10 de agosto, cuando nuestra patria vivió uno de los desastres naturales más devastadores de la última década, un terremoto de magnitud 7.4 que dejó a miles de familias damnificadas y un país en crisis.
A pesar de la tragedia, el Gobierno nacional se movilizó rápidamente. Nombró con urgencia al nuevo director de la UNGRD y reveló el presunto escándalo de corrupción de la administración anterior, que dejó a la administración en ruinas. Además, tanto el presidente como sus ministros se desplazaron a las zonas afectadas para hacer un trabajo conjunto con las entidades territoriales. Las medidas ordenadas por el presidente De La Espriella........
