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El país donde el vándalo manda...

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Está semana presenciamos un hecho aberrante: un grupo de opositores llegó hasta la casa del expresidente Álvaro Uribe Vélez, grafiteó muros cerca de la entrada y la situación terminó en violencia. Pero lo más grave vino después. Como de costumbre, Gustavo Petro salió a minimizar el ataque. En un evento de Jóvenes en Paz —precisamente ante jóvenes con conflictos con la ley, donde un mandatario debería inspirar a ser mejores personas, sembrar valores y empujarlos a transformar sus vidas eligiendo el camino de la legalidad—, el presidente legitimó el vandalismo al llamarlo “libre expresión” y asegurar que esos grafitis son “arte”. El mensaje caló de inmediato: al día siguiente, colectivos petristas y de Iván Cepeda Castro atacaron y pintaron las sedes de campaña de Paloma Valencia Laserna y del Partido Político MIRA, algo que ya hemos visto también contra Abelardo de la Espriella. Cuando desde el poder se normaliza el abuso, los seguidores entienden que todo vale.

Hoy quiero hablar de frente sobre los grafitis, un tema que pocos se atreven a tocar porque saben lo que viene........

© Revista Semana