La emergencia después de la emergencia
Los fenómenos naturales no distinguen identidades, pero sus consecuencias tampoco afectan a todas las personas por igual. En medio de una emergencia, reconocer la diversidad de las familias, los cuerpos y las redes de apoyo no es aprovecharse de la tragedia ni imponer una agenda: es garantizar que la ayuda humanitaria proteja a todas las personas sin discriminación y que nadie quede atrás.
Escribo estas líneas con prudencia y profundo respeto por quienes hoy enfrentan las consecuencias de la emergencia. No quisiera que esta reflexión se interpretara como una forma de aprovechar la tragedia ni de introducir, de manera oportunista, una discusión ajena al dolor que vivimos. Al contrario: nace de la convicción de que acompañar, proteger y reconstruir también exige reconocer las distintas realidades de quienes han sido afectados, especialmente aquellas que suelen permanecer invisibles.
Un terremoto, una inundación o un deslizamiento pueden destruir una casa en minutos. Pero para algunas personas el verdadero desastre continúa después: cuando llegan los refugios, los formularios, las ayudas y las instituciones que no siempre están preparadas para reconocer que no todas las familias, identidades y redes de apoyo tienen la misma forma.
Los fenómenos naturales no hacen distinciones: cuando la tierra tiembla, no pregunta por quién votamos, cuánto ganamos o a quién amamos. Cuando el agua sube, no diferencia entre identidades. Cuando un incendio arrasa una vivienda, no pregunta si quien vive allí es heterosexual, homosexual, bisexual o trans.
Sin embargo, esa aparente igualdad termina en cuanto observamos las condiciones en las que cada persona enfrenta la emergencia y trata de recuperarse. Porque el fenómeno natural puede ser el mismo para todas y todos, pero la vulnerabilidad no lo es.
Y ahí empieza........
